Cuaderno de trabajo

01 julio 2016

Matraquage

Al hilo del corto L’art délicat de la matraque (Jean-Gabriel Périot, 2009) recuperamos una reflexión de Kristin Ross sobre porrazos y tomas de conciencia en mayo del 68.

«“Todo diálogo entre matraquers [aporreadores] y matraqués [aporreados] es imposible”. Como sugiere este eslogan, en algún momento en torno mediados de mayo de 1968, la porra policial o matraque se había convertido en una pura sinécdoque del Estado para los insurgentes callejeros. Durante el largo silencio de de Gaulle y la torpe respuesta gubernamental a los estallidos iniciales de violencia en las calles, los policías se habían convertido en representantes del Estado únicos y directos. A cada lado de una división absoluta se encuentran estas dos figuras paradigmáticas, los aporreadores y los aporreados. Habitan “zonas” de existencia separadas y desiguales en un estado de inmediatez, un estado en que toda posibilidad de reconocimiento mutuo o “diálogo” está condenada al fracaso. La relación entre aporreadores y aporreados es antidialéctica, una diferencia absoluta, una oposición total—una relación de “pura violencia”, no muy diferente de la relación entre las figuras paradigmáticas del “colonizador” y el “colonizado” que desarrolló Frantz Fanon en Los condenados de la tierra. La matraque, un arma corta empleada para golpear, generalmente equilibrada, fabricada con un palo de madera más denso y pesado en uno de sus extremos y cubierto con goma reforzada, tiene una presencia prominente en los relatos dramáticos, el metraje documental y la iconografía política de mayo-junio. Así, un panfleto típicamente militante titulado “Cómo evitar las matraques”, distribuido el 24 de mayo, la noche más sangrienta de los eventos del 68, instruye a los manifestantes sobre cómo plegar secciones de periódicos como France-Soir or “Figaremuche” (como los militantes llamaban al periódico de derechas Le Figaro) para usarlos como abrigos protectores en los hombros y el cuello: “El espesor debe corresponder al de la piel susceptible de ser golpeada—en torno a veinticinco páginas de prensa burguesa”. En los relatos de “la toma de conciencia política” de personas que hasta ese punto habían mantenido sus distancias respecto a la política, la matraque a menudo cumple un papel pedagógico para el “despertar” o la revelación. De este modo, un activista que escribía en 1988 recordaba la violencia policial de hacía veinte años: “se trataba de una lección excelente sobre la naturaleza de un Estado que se mantenía a sí mismo mediante la fuerza de una matraque: era educación directa”. Otro testigo afirma: “vi las batallas callejeras de cerca, vi a policías abrir la cabeza de la gente. Cuando ves cargar a los policías, te marca por el resto de tu vida”. Un tercer participante describe su iniciación:

Para mí, mayo del 68 empezó cuando fui golpeado por una matraque policial cuando salía de un piso. Era una de las primeras manifestaciones en el barrio Latino. La policía cargaba. Había escuchado algo de lo que estaba pasando en Nanterre, pero eso me quedaba muy lejos. Yo estaba en el instituto, preparando mi acceso a las grandes écoles, estaba siguiendo el curso de mis estudios pacíficamente. Y de repente estaba yendo a reuniones, a asambleas. Y no entendía demasiado de todo aquello.»

 

El próximo 2 de julio a las 19:00 proyectaremos L’art délicat de la matraque de Jean-Gabriel Périot (2009), una película sobre “el sensible arte de la policía en medios hostiles”, como parte de la sesión Agitprop! en la sala de cine de Tabakalera. + info

 

Imagen: Jean-Gabriel Périot. L’art délicat de la matraque (2009)

Texto: Fragmento del libro de Kristin Ross May ’68 and its Afterlives (Chicago University Press, 2012: pp. 27-28),

Traducción: Pablo La Parra Pérez